lunes, 19 de marzo de 2018

Mi experiencia en Kioto, justo en el Día Internacional de la Felicidad 国際幸福の日に、京都での私の経験




Mañana 20 de marzo, es el Día Internacional de la Felicidad propuesto por la Asamblea General de las Naciones Unidas el día 28 de junio de 2012 y que se celebró la primera vez el 20 de marzo de 2013. Todo ello empezó por la iniciativa mundialmente conocida del Reino de Bután que creó un Indicador colectivo de felicidad nacional que denomina FNB (Felicidad Nacional Bruta), como un símil al PIB (Producto Interior Bruto que mide el desempeño económico de un país) pero focalizado en el bienestar de la nacional desde una perspectiva no tan económica. Por ello, las Naciones Unidas quieren reconocer con la proclamación de este día especial, la importancia que tiene la felicidad y bienestar colectivo como una meta importante de todos los seres humanos y que debería considerarse como un objetivo político en los gobiernos.

Y justo hoy día me encuentro en una estancia docente y de investigación en la Universidad de Kioto, en Japón. Justo el día internacional de la felicidad en un centro de investigación que estudian, entre otros temas, la felicidad colectiva desde una aproximación multidisciplinar. Interesante coincidencia que me ha animado a escribir este post, y darle algo de vidilla a mi blog que lo tengo muy abandonado muy a pesar mío. Os cuento estas ideas tan interesantes en este día tan especial. Espero os gusten :)




El centro de investigación Kokoro (http://kokoro.kyoto-u.ac.jp/en/index.html) se creó en abril de 2007 en la Universidad de Kioto (Japón), pero tiene conexiones a nivel nacional e internacional. El centro promueve investigación científica sobre la mente y la conciencia desde diversas disciplinas como la psicología, neurofisiología, ciencias cognitivas, estudios culturales y humanísticos.

Kokoro (ココロ) es una palabra japonesa que significa “energía invisible”. Todos tenemos un kokoro que intuimos de alguna manera en cómo funciona de manera interactiva nuestro corazón, mente y espíritu. Mientras estos elementos sean coherentes entre sí de manera interactiva y en equilibrio todo funciona bien en nosotros. Pero cuando nuestro kokoro es inarmónico o se perturba, puede estallar en violencia, anomia, apatía, adicciones varias, y comportamientos anticívicos y autodestructivos.



El Centro de Investigación de Kokoro se compromete a investigar las causas y posibles soluciones de dichos problemas socio-conductuales de base psicológica, para facilitar la apertura mental, el bienestar y la autoestima en las personas y las sociedades. Estudian funciones variadas de nuestro kokoro como son la inteligencia, las emociones, la felicidad, los sentimientos, los valores, la empatía y la importancia de la comunicación. Quieren conocer desde la ciencia como estas funciones del kokoro interactúan y se integran para darle riqueza al kokoro. Y todo ello, desde el trabajo muldisciplinar en el estudio de la mente y la conciencia que hacen científicos de distintas áreas científicas. Porque nuestro kokoro es multidimensional y se ve afectado no solo por la personalidad y la genética, sino por factores culturales como la cultura del país, la cultura de la organización, el vecindario en el que vivimos, el producto nacional bruto de la nación, la desigualdad social y económica y mucho más. Su misión es contribuir con sus investigaciones a crear una humanidad y mentalidad adecuada para la vida en la era global venidera.

Este es el background general en el que el Centro de Investigación Kokoro trabaja en la Universidad de Kioto en donde estoy de estancia.  En concreto, con la profesora Dra. Yukiko Uchida que es la directora de la Red Internacional Cultural-Kokoro (Cultural-Kokoro Network -Culture-KoNet). Dentro del centro de investigación, son un grupo internacional de psicólogos culturales y otros científicos sociales que están persiguiendo cuestiones relacionadas con la cultura, y estudian cómo la cultura y la mente trabajan juntas realizando investigaciones empíricas psicológicas y culturales sobre cómo los entornos culturales moldean las emociones, las cogniciones, las motivaciones y las relaciones entre las personas. La Dra. Uchida ha centrado sus estudios en las variaciones culturales de las emociones y las relaciones sociales. Sus estudios sugieren que las prácticas y los significados cotidianos construyen nuestras funciones y sistemas psicológicos. En particular, su investigación examina los significados de felicidad e infelicidad; la experiencia en las personas de sus emociones y la comprensión de los demás; así como el rol del apoyo emocional y las relaciones sociales. Sus estudios transculturales examinan cómo la participación en prácticas culturales significativas fomenta estos procesos psicológicos.



Más en concreto me interesó de la Dra. Uchida sus trabajos sobre la felicidad colectiva, así como los antecedentes personales y culturales de la felicidad. Sabemos por la investigación que la felicidad y el bienestar psicológico a menudo se han estudiado como sentimientos internos o estados de satisfacción con la vida en general, o en particular con algunos ámbitos relevantes como el trabajo, la familia, la comunidad, etc. Por ejemplo, podemos entender a grosso modo que una persona feliz es aquella que tiene sentimientos placenteros gran parte del tiempo, y se siente satisfecha con su vida de una manera global.

No obstante, investigaciones más recientes han estudiado los efectos que factores externos al individuo (por ejemplo, la prosperidad económica a nivel nacional, o tener relaciones satisfactorias, desigualdad social del país, el estatus social, experimentar eventos vitales importantes como el divorcio…) tienen sobre la felicidad de los individuos, o si podemos hablar de una felicidad colectiva que puede ser diferente a la mera agregación de las felicidades individuales.

Por ejemplo, muy interesantes son sus estudios sobre la percepción del éxito y la felicidad en diferentes culturas.  Por ejemplo, en un estudio que realizó con otros colegas japoneses (Markus, Uchida, Omoregie, Townsend y Kitayama, 2006) investigaron la cobertura de los medios de los medallistas olímpicos tanto en EEUU como en Japón. En el contexto estadounidense, los medios describieron a los medallistas como "superhéroes": personajes fuertes, atractivos, únicos y competitivos. Por otro lado, la cobertura de los medios japoneses describió a la mayoría de los medallistas como personas “normales”: débiles, con dificultades y recibiendo apoyo de familiares o amigos.

Estos hallazgos sugieren que las teorías implícitas sobre "cómo conseguir el oro" difieren entre culturas y tienen implicaciones adicionales sobre cómo se logra la felicidad a través de la consecución de objetivos. Las teorías implícitas de los estadounidenses consideran que el éxito y la consiguiente felicidad que lleva el tener éxito, es algo que consiguen las personas extraordinarias, altamente habilidosas. El equipo de la Dra. Uchida considera que siguen un “Modelo Incremental de la Felicidad”. De este modo al tener éxito se experimenta felicidad y esas experiencias positivas pueden llevar a resultados más positivos aún, en una especie de espiral positiva de felicidad ascendente. En este modelo, las personas están motivadas a buscar la felicidad y estos estados placenteros porque ellos les llevarán a más éxito.  
Sin embargo, las teorías implícitas de los japoneses perciben el éxito -y quizás también la felicidad posterior- como algo que se logra por personas no que sean extraordinarias, con capacidades de superhéroes, sino que son personas normales que experimentan dificultades pero que son capaces de perseverar gracias al apoyo de los demás. Perciben los cambios y evalúan su estado actual de felicidad tomando los altibajos y vaivenes de la vida como un todo. Por lo tanto, la adversidad se percibe como un factor necesario para la felicidad. La felicidad seguiría un "Modelo Dialéctico” en donde la felicidad se pone en perspectiva y se analiza desde una perspectiva temporal.



Según los estudios de la Dra. Uchida por ejemplo, los individuos dentro de contextos culturales independientes como es EEUU o incluso Europa, tienen más probabilidades de estar motivados para maximizar la experiencia del afecto positivo y buscar la felicidad. Además, la búsqueda de la felicidad se considera como un “derecho” humano fundamental a ser protegido en la sociedad. Para los occidentales la felicidad tiene que ver con el auto-desarrollo, y la consecución de metas personales importantes. Además, el apoyo social puede incluso en ocasiones tener consecuencias negativas, cuando, por ejemplo, no ha sido solicitado (y, por tanto, se convierte en un favor que tienes que devolver de alguna forma) o cuando atenta a la propia autoestima (dado que no ha sido posible conseguir tu meta de manera individual, sino que necesitas ayuda de otros). 



Por el contrario, dentro de contextos culturales más interdependientes o colectivistas como es la cultura japonesa, la felicidad tiende a definirse en términos de conexión interpersonal o un equilibrio entre uno mismo y los demásNuestro kokoro en armonía con el kokoro de los demás, del colectivo. Ejemplos de este esfuerzo colectivo extraodinario de los japoneses los hemos observado en los medios cuando el terremoto y tzunami en la costa este japonesa el día 11 de marzo de 2011 en donde la sociedad japonesa mantuvo la calma, el equilibrio y buscó el bienestar del colectivo. Los estudios de la Dra. Uchida y colegas, señalan que la búsqueda de la felicidad no se ve como algo que los individuos pueden perseguir, sino que se experimenta dentro de las relaciones compartidas. Aquí la frase que decía Chris Peterson respecto a que es la felicidad cobra pleno sentido. Christopher Peterson (1950 – 2012) uno de los fundadores de la Psicología Positiva y junto con Martin Seligman creador de las Fortalezas del Carácter, decía que la felicidad se podía resumir en tres palabras “Los Demás Importan” (The others matter). Para los occidentales tiene sentido, pero especialmente para los japoneses esto es así sin duda alguna. Es más, los factores interpersonales, como la adaptación a las normas sociales y el cumplimiento de las obligaciones relacionales, correlacionan con la felicidad. Las personas que persiguen metas interpersonales por encima de metas personales, que sienten experiencias emocionales relacionales positivas, que reciben apoyo emocional y que experimentan sentimientos de armonía relacional, son más propensos a mostrar niveles más altos de felicidad y bienestar psicológico.

En el caso del engagement en el trabajo, con nuestros propios estudios también hemos encontrado diferencias importantes a nivel cultural entre los niveles de engagement en las personas de países occidentales y orientales. Por ejemplo, en análisis realizados con muestras de más de 80.000 individuos encontramos que los niveles de engagement en Japón son bastante más bajos que en el resto de países, como pasa con los indicadores de felicidad y bienestar que comentamos anteriormente (Hu, Schaufeli, Taris, Hessen, Hakanen, Salanova, & Shimazu, 2014). Un análisis con mayor profundidad de estos resultados comparando muestras de trabajadores japoneses y holandeses encontraron mis colegas que las puntuaciones más bajas de engagement en el trabajo de los japoneses cuando los comparamos con los holandeses no se deben a que no experimenten íntimamente la experiencia psicológica positiva de sentirse engaged con sus trabajos (vigorosos, dedicados y absortos mientras trabajan) sino que se debe más a un factor cultural como es que en culturas asiáticas como Japón está bien vista la supresión en la expresión de emociones positivas y esto no tiene consecuencias negativas para las personas (Shimazu, Schaufeli, Miyanaka, & Iwata, 2010). Es más, expresar altos niveles de bienestar y engagement podría tener consecuencias negativas como dijimos antes respecto a valores colectivistas que para ellos son importantes, o producir celos y envidia en otros con las consecuencias de pérdida de equilibrio y armonía social. Mientras que en culturas más occidentales es la necesidad de automejora continua el aspecto cultural que explica un sesgo mayor a puntuar más alto en engagement.



En relación con esto, son muy interesantes también las variaciones en niveles de bienestar y felicidad en función de los países, y como variables societales y sociales externas al individuo pueden estar explicando esas diferencias. Más aún, siguiendo con esta línea argumental, en la encuesta mundial sobre felicidad (World Happiness Index, 2018), publicada recientemente, encontramos que Japón ocupa la posición número 54 en el ranking de felicidad de un total de 156 donde los primeros en el ranking son países escandinavos (por orden, Finlandia, Noruega, Dinamarca). España, por cierto, estamos en el número 36 por encima de la sociedad nipona.

Esas puntuaciones medio/bajas en felicidad y bienestar por parte de los japoneses suele ser así en la mayoría de estudios sobre felicidad y bienestar de las naciones ¿Esto significa que los japoneses son menos felices, o menos engaged en sus trabajos que el resto de países que ocupan posiciones superiores en el ranking? Las respuestas no son sencillas, y como dijimos antes en el caso del engagement en el trabajo supone que hay factores culturales que explican esas diferencias (más en la expresión conductual de felicidad por ejemplo contestando una encuesta, que en la experiencia íntima de ese bienestar o felicidad). Y es que el significado de la felicidad en Japón como se dijo antes es bastante diferente al significado que le damos en países occidentales. Para los japoneses, los altos niveles de felicidad expresados pueden tener connotaciones negativas como “hacer que los demás tengan envidia y celos” y eso desajustaría el balance de armonía interpersonal que necesitan para su bienestar individual. Según la Oficina del Gabinete de Japón, los japoneses prefieren niveles moderados de felicidad para ese Kokoro que se orienta al equilibrio tan buscado por los japoneses. Además, debe tenerse en cuenta que las clasificaciones de felicidad cambian drásticamente según las medidas específicas utilizadas (bienestar subjetivo, emociones positivas, etc).



 Tanto es así, que le equipo de la Dra. Uchida han desarrollado una medida de “Felicidad Interpersonal” que tiene que ver con la idea de que en culturas asiáticas la experiencia individual de felicidad se relaciona con la armonía en las relaciones. Por ejemplo, en esta escala Hitokoto y Uchida (2015) miden una felicidad interdependiente (Interdependent Happiness Scale (IHS) con factores como, por ejemplo “relaciones positivas” tal como hacer feliz a la pareja; la “quietud” como el hecho de vivir una vida estable, y tener una “vida normal” (por ej., "creo que mi vida es tan feliz como la de los demás a mi alrededor"). Este concepto de felicidad interdependiente intenta capturar la búsqueda del bienestar colectivo.

 Mi estancia en esta universidad, me permitirá conocer de primera mano los estudios llevados a cabo en la Red Internacional Cultural-Kokoro, en este ámbito tan interesante promocionado por la Psicología Cultural. Tener en cuenta no solo el bienestar individual, sino también el colectivo, comprender las variaciones culturales en niveles de bienestar y felicidad desde una perspectiva más amplia, así como el avance metodológico que supone hacer investigaciones de este tipo. Por ejemplo, el uso de estudios con metodología multinivel para capturar los efectos de factores culturales y colectivos (externos al individuo como dije antes) en los niveles de felicidad y bienestar individual. Dentro del equipo WANT que dirijo en la Universitat Jaume I (www.want.uji.es), ya llevamos algunos años estudiando las organizaciones saludables y resilientes (Modelo HERO –Healthy & Resilient Organization) y estamos utilizando, además de medidas colectivas de felicidad y bienestar, esta metodología multinivel para evaluar el impacto de factores colectivos como son las prácticas organizaciones saludables, los recursos sociales de los equipos, liderazgo positivo, etc en el bienestar y la felicidad individual como emociones positivas o engagement individual, incluso en el desempeño intra y extrarol (ver publicaciones en la página Web del equipo).

 Todo un reto para mi sin duda alguna, estar en esta universidad, escribiendo este post sobre 
Felicidad y Bienestar para rememorar un año mas el Día Internacional de la Felicidad
#DiaDeLaFelicidad #WANTHappyDay #FelicidadEnAccion
 

     おもてなしのためにココロセンターにどうもありがとうございます

Smiling (:




Referencias

Hitokoto, H., & Uchida, Y. (2015). Interdependent happiness: Theoretical importance and measure- ment validity. Journal of Happiness Studies16, 211–239.
Hu, Q., Schaufeli, W.B., Taris, T., Hessen, D.J., Hakanen, J., Salanova, M., & Shimazu, A. (2014). East is East and West is West and never the twain shall meet: Work Engagement and Workaholism across Eastern and Western Cultures. Journal of Behavioral and Social Sciences, 1, 6-24.

Markus, H. R., Uchida, Y., Omoregie, H., Townsend, S. S., & Kitayama, S. (2006). Going for the gold: Models of agency in Japanese and American con- texts. Psychological Science17, 103–112.
Shimazu, A., Schaufeli, W.B., Miyanaka, D. & Iwata, N. (2010). Why Japanese workers show low work engagement: An item response theory analysis of the Utrecht Work Engagement scale. BioPsychoSocial Medicine, 4(17), 1-6.

Uchida, Y. & Oishi, S. (2016). The Happiness of Individuals and the Collective. Japanese Psychological Research, 58(1), 125–141.








lunes, 11 de abril de 2016

La Madurez de la Psicología Positiva



Hace tiempo que no publico en el blog y ya tenia ganas. Voy a disciplinarme un poco mas en esto, lo prometo. Pero bueno he vuelto con ilusión y eso ha hecho que este post sea un poquito mas largo de lo que es habitual en mi. Pero os aseguro que empecé y no pude parar. Me apetecía mucho hacer un análisis del desarrollo de la Psicología Positiva, objeto de este blog y que a la vez es mi pasión y leitmotiv.  Así que allá voy: vamos a adentrarnos un poquito mas en la Psicología Positiva sobre todo resaltando su madurez hasta el momento y así quizá también podremos aclarar que es y que no es Psicología Positiva. Voy a intentar ser lo menos técnica posible, ir a lo simple sin caer en la simpleza (que es el riesgo a veces pero lo asumo con responsabilidad).
 
Desde que a principios de S.XXI surgió el apellido de “positiva” para un nuevo enfoque de la Psicología ha llovido mucho hasta hoy día. Aunque es cierto que el término “Psicología Positiva” ya lo encontramos en el libro de Abraham Maslow “Motivation and Personality” publicado en 1954, en donde dedica un capítulo del mismo a la psicología positiva; es cierto que el enfoque humanista impulsado por Maslow no está tan fundamentado en la investigación como aquel nuevo impulso a una aproximación mas científica de la Psicología Positiva encabezada por Seligman y Csikszentmihalyi allá por los años 2000. A partir de estos años, el objetivo fue seguir buscando evidencias científicas alrededor del mundo para dar respuesta a muchos problemas personales y sociales desde una nueva mirada, que teniendo en cuenta lo que funciona mal, se ancle en las fortalezas de las personas, los grupos, las organizaciones y los países y comunidades para su desarrollo y potenciación.

Así, entre las primeras definiciones de Psicología Positiva, no se puede dejar de citar a Martin Seligman que en 1999 la definió como “el estudio científico del funcionamiento humano óptimo”. Desde estos planteamientos, el punto de partida de la psicología positiva incluía tres aspectos: (1) una crítica a las insuficiencias del modelo médico actual de la salud, (2) un acercamiento a los resultados positivos y (3) la firme creencia de que tales resultados podrán, a largo plazo, ser más eficaces en la reducción de los problemas psicosociales y en la ampliación de la salud en toda su extensión. Los principales impulsores de este movimiento fueron Martin Seligman y Mihaly Czikszentmihalyi, editores del número especial sobre Psicología Positiva de la revista American Psychologist de Junio de 2000 que marcó un hito en la historia de la Psicología Positiva a nivel internacional. Seligman y Csikszentmihalyi (2000) sugirieron que el objetivo de la psicología positiva era “catalizar un cambio de enfoque de la psicología desde la preocupación en solucionar únicamente las cosas que van mal en la vida, a construir cualidades positivas” (p. 5).

Como decía antes mucho ha llovido hasta hoy. A nivel internacional la creación de la IPPA (International Positive Psychology Association, web: http://www.ippanetwork.org/  ) ha impulsado tanto la formación especializada como la celebración de congresos y encuentros anuales sobre el tema. En concreto en nuestro país se creo la SEPP Sociedad Española de Psicología Positiva (Web: http://www.sepsicologiapositiva.es/) ya mas adelante, en 2011 a partir de un grupo de colegas de varias áreas de la Psicología española. Desde esta sociedad científica, en nuestro país ya se han celebrado dos congresos nacionales: el primero en 2012 en El Escorial, y el segundo en 2014 en Oropesa del Mar. El tercer congreso nacional se celebrará los próximos 21-23 Abril 2016 en Baeza (Jaén). Los dos congresos anteriores fueron éxitos no solo por la calidad de los trabajos presentados, sino por la pasión que investigadores y profesionales de la Psicología Positiva derrochamos día a día. A modo de recordatorio, también se celebró con gran éxito en 2013 las I Jornadas de Psicología Positiva en Murcia, y las II Jornadas en Barcelona, los días 20 y 21 de Noviembre 2015.

 

Pero no solo eso, la calidad científica de las publicaciones de los investigadores españoles en Psicología Positiva merece más que respeto. Se han defendido mas de una docena de tesis doctorales, muchas de ellas con mención europea al doctorado, hemos llevado a cabo la primera edición de dos Cursos de Experto en Psicología Positiva auspiciado por la SEPP en la Universitat Jaume I, y un Master de Psicología Positiva en la Universidad de Jaén, y presumiblemente otro Master de Psicología Positiva Aplicada (MAPPA) en la Universitat Jaume I este curso próximo 2016-2017. Además, se siguen concediendo proyectos de investigación científica para trabajar en las múltiples aplicaciones de la Psicología Positiva.

Pero me gustaría hoy dar algunas pinceladas de por qué considero que después de algunos años de despliegue científico en esta área, estamos alcanzando una madurez que implica cambios de enfoque y además la legitima para seguir buscando el conocimiento científico.  Por supuesto a esta madurez no solo a contribuido la investigación científica sino las críticas constructivas que ha ido recibiendo la Psicología Positiva a lo largo de estos años. Eso supone el crecimiento también, mucha reflexión sobre lo que ha ido bien y como mejorar de los errores.

A este respecto me gustaría señalar que mucha gente opina sobre la Psicología, y en particular, sobre la Psicología Positiva sin saber lo que es. Cuando hablan de resultados de investigación .... ¿En qué revistas o libros miran? ¿Van a los artículos publicados en revistas de impacto o van a los libros de autoayuda barata con firmes objetivos comerciales? Es que esto último no es psicología positiva, no se basa en los resultados en la investigación científica y esto debe conocerse porque si no las críticas a la psicología positiva no están bien fundamentadas. Luego tenemos además que muchos conceptos que utilizamos en psicología son de uso común como felicidad, optimismo, personalidad… Esto está bien, pero cuando se mezcla el sentido común con la ciencia psicológica a veces el resultado es un poco caótico. A esto se une que algunas personas, sin formación psicológica ni específica de Psicología Positiva opinan sobre ello, quieren llevar la razón y además publican al respecto! No se les ocurre hacerlo respecto a diagnosticar una parálisis cerebral o una neumonía atípica. 

Por aclarar un poco, por ejemplo con uno de esos conceptos de uso común desde la Psicología como es la 'felicidad’. Esta no es la mera satisfacción de necesidades sin esfuerzo, sin tolerancia a la frustración, sin coraje para afrontar adversidades. Hay otros conceptos de Felicidad. La felicidad auténtica, la sostenible en el tiempo tiene un sentido más amplio, si queremos eudaimónico (de Eudaimonia en sentido Aristotélico como felicidad en la plenitud del ser y la práctica de las virtudes y la búsqueda del significado y sentido) en el sentido de conocer las propias fortalezas y ponerlas al servicio de algo que nos trasciende. Es la felicidad mas relacionada con la congruencia con los propios valores, el significado de la vida, las necesidades humanas básicas y la conexión con los demás. Tradiciones desde la teoría de la autodeterminación de Ryan y Deci (2000) o la teoría de Ryff y Keyes sobre bienestar psicológico (1995), vendrían a apoyar este concepto de bienestar o felicidad mas inclusivo, mas amplio, no solo centrado en lo hedónico de la búsqueda del placer y evitación del dolor o encontrar la felicidad en incrementar las emociones positivas reduciendo o eliminando las negativas. Para mí, esta felicidad es lo que desearía para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Y si ese camino lo construimos con alegría y dando sentido a nuestras vidas pues doblemente preferido. Y esta no sólo depende del esfuerzo personal, que también, si no de crear contextos y ambientes más saludables. Esto es lo que nosotros promocionamos por ejemplo en las organizaciones saludables desde cambios culturales y estilos de liderazgo que tienen que ver, y mucho, con el 'contexto'. 

Me gustaría en este post dar algunas ideas de, en base a los años transcurridos de investigación seria y críticas constructivas, cómo ha madurado la Psicología Positiva. En primer lugar, y siento ser reiterativa en este sentido, quisiera señalar que la Psicología Positiva es Psicología y como tal utiliza el método científico basando sus raíces y fundamentado sus objetivos en el conocimiento y la investigación científica. Respecto al objeto de estudio, este es transversal a diversas áreas y campos de aplicación de la psicología (la salud, el trabajo, las organizaciones, el deporte, el tiempo libre, etc.), y se focaliza mas en las experiencias positivas, las fortalezas psicológicas y las colectividades positivas en diversos contextos y aplicaciones. En este sentido, su objeto de estudio se focaliza en lo “positivo”. Ahora bien, es importante clarificar que lo “positivo” va mas allá de lo puramente hedónico o placentero. En este sentido, y de acuerdo con Pawesky (2016), quizá el rasgo característico de la Psicología Positiva es su interés por lo “positivo” pero no desde una perspectiva “simplista” sino entendiendo por “positivo” básicamente con dos significados: uno mas tradicional que se relaciona con la presencia de algo que por su cualidad es positivo como la serenidad, la alegría, las relaciones positivas con los demás, etc. y otro significado, mas novedoso que tiene que ver con la preferencia, con algo que es bueno y tiene un sentido de progreso o proliferación. 

Es cierto, que al menos en los inicios de la psicología positiva había un marcado énfasis por estudiar solo los aspectos positivos del funcionamiento humano y social tratando temas de contenido positivo como las emociones positivas, las fortalezas del carácter o el flow. Este énfasis quizá en un inicio de solo estudiar los constructos positivos o el “lado brillante de la naturaleza humana” ha sido llamado por algunos autores como la Primera Ola de la Psicología Positiva (Lomas e Ivtzan, 2015; Wong, 2011) y que surgió como un particular tipo de antítesis a la tradicional psicología mas centrada en las patologías, los traumas y los problemas. Como una antítesis a esa tesis mas tradicional. No obstante, las críticas a solo focalizarse en los aspectos positivos, o a que incluso lo positivo podría llevar a lo negativo (ej., un exceso de optimismo podría llevar a conductas de riesgo) o lo negativo a lo positivo (ej., una enfermedad grave podría incrementar el sentido de la vida o la espiritualidad), han hecho que la Psicología Positiva se ha ido desarrollando de manera muy retadora.

  Por ejemplo, Lomas e Ivtzan (2015) señalan que las críticas a la Psicología Positiva en lugar de desestabilizarla o hacerla desaparecer, la han ayudado a alcanzar una nueva fase de madurez y desarrollo, que se ha llegado a denominar como “Segunda Ola” de la Psicología Positiva (Held, 2004) o Psicología Positiva 2.0 (Wong, 2011). Estos autores la caracterizan por un enfoque más matizado a los conceptos positivo-y-negativo junto con una apreciación sutil de la naturaleza ambivalente de la buena vida. También se entiende que el concepto de bienestar es mas dialéctico, es decir, que asume la tensión entre la oposición de fuerzas opuestas (positivo vs. negativo, o lado oscuro vs lado brillante) no tiene porque ser diametralmente opuestos, sino mas bien conectados íntimamente a través de un proceso de tesis-antítesis-síntesis. Creo sinceramente que en muchas investigaciones ya ha estado presente la idea de enfatizar lo positivo pero aprendiendo a gestionar también lo negativo para incrementar el bienestar y reducir la enfermedad mental y el malestar psicológico. En este sentido, Wong (2011) desarrolla un modelo dual de la buena vida en donde la psicología positiva se debería asentar en cuatro pilares fundamentales: las virtudes, el significado, la resiliencia y el bienestar al servicio de crear una vida mejor para las personas y para las sociedades a pesar de la negatividad inherente en la existencia humana. Es un modelo interesante que incluye conceptos que quizá no se han trabajado tanto dentro del ámbito de la Psicología Positiva como la “resiliencia”.
 
Lo que parece claro es que con el tiempo, la Psicología Positiva ha ido madurando y se ha ido ampliando su objeto de estudio, incluso el concepto y contenido mismo de lo que entendemos por “positivo” que no solo es aquello relacionado con lo hedónico, sino que incluye un bienestar mas eudamónico como comentaba anteriormente, y que la valoración de lo positivo depende mucho del contexto por ejemplo. Lo positivo no es meramente un complemento de lo negativo, sino que va mas allá como un interés genuino en comprender y descubrir las bases del desarrollo humano y social, además con un enfoque práctico enfatizando la idea de poder construir las bases para vivir una vida auténtica y plena de sentido y significado, pero aceptando lo negativo como parte de la misma. Desde mi perspectiva, creo que este concepto mas amplio del objeto de estudio de la Psicología siempre ha estado ahí latente, y además incluido en los modelos de Bienestar y Felicidad como por ejemplo el modelo de tres vías de Seligman o mas adelante el concepto de Florecer que es mas inclusivo.

En todo caso, lo positivo no debería definirse solo como “placentero” sino también como aquello que promueve el funcionamiento óptimo, el progreso y el desarrollo (Tamir y Gross, 2011). Por ejemplo, algunas emociones y situaciones no tan placenteras (tristeza, inquietud, perseverancia, etc.) pueden ser importantes en la consecución del bienestar, el desarrollo personal y profesional, las relaciones familiares, el avance de las sociedades, etc. El mismo concepto de resiliencia o el de crecimiento post-traumático conllevan en el mismo proceso la existencia de eventos estresantes y/o traumáticos para que surja como consecuencia la posibilidad de seguir teniendo un funcionamiento positivo e incluso salir fortalecidos tras el trauma. O por ejemplo, la idea de “buena vida” como objeto de estudio de la psicología positiva no es solo cultivar gratitud u otras fortalezas del carácter, desarrollar optimismo o tener experiencias de flow, sino también tiene que ver con un afrontamiento positivo al tratar con la culpa, el disgusto o la envidia.

Precisamente por el sesgo tradicional de la ciencia psicológica en el estudio de los traumas, los trastornos y las patologías, la Psicología Positiva, pretende estudiar también el bienestar y la felicidad de las personas, los grupos y las organizaciones. Aunque este sesgo negativo de la psicología fue el origen de ese cambio de mirada de la psicología hacia lo positivo, aún hoy día en una búsqueda que he realizado este mes (Abril de 2016) sobre artículos publicados en revistas con revisión de pares en las bases de datos PsycNET se observa un énfasis mayor en publicaciones sobre constructos negativos vs. positivos. Los resultados buscando la palabra clave en el título del artículo, muestran que hasta 2016 se han publicado 52.411 artículos sobre “depresión”, 44.014 artículos sobre “estrés” y 32.790 sobre “ansiedad”. Pero, ¿qué hay sobre el conocimiento científico de las condiciones personales, sociales y organizacionales que ayudan a incrementar el crecimiento, el bienestar psicosocial, la motivación y la conducta prosocial, entre otros? En este sentido, en la misma búsqueda encontramos que aunque sobre “satisfacción” se han publicado algunos artículos más (16.040) no es tanta la publicación de trabajos sobre “felicidad” (1.969), “optimismo” (1.476), “disfrute” (550) o “gratitud” (363). La ratio es que aproximadamente por cada artículo publicado en “positivo” se han publicado seis artículos en “negativo”. Estos resultados siguen mostrando claramente una realidad que ya se hacia patente en los inicios de la Psicología Positiva a principios del siglo XXI: la psicología trata con las 4 D (en Inglés: Diseases, Disorders, Damages and Disabilities) (Salanova y Schaufeli, 2009) mas que sobre fortalezas, competencias, u organizaciones saludables. 

No obstante, y en gran parte como consecuencia de este movimiento hacia el estudio científico de lo “positivo” (en sentido amplio) y sus aplicaciones, se ha acumulado evidencia empírica y tenemos mas conocimiento sobre cuáles son los rasgos y características que hacen que unas personas estén más satisfechas con su vida que otras, que tengan mayores niveles de bienestar psicológico, estilos explicativos más optimistas de sus circunstancias, y un largo etc. Pero además, es muy interesante porque empezamos también a recopilar evidencias aplicadas de cuáles son los factores que facilitan que una persona, grupo u organización se desarrolle de manera positiva bajo condiciones de estrés o crisis (resiliencia) o que incluso salgan fortalecidos después de un trauma/crisis (crecimiento post-traumático), o cuáles son las prácticas saludables que ponen en marcha las organizaciones que hacen que sus trabajadores y equipos sean mas saludables y resilientes y como consecuencia tengan mejores sus niveles de desempeño y calidad del servicio.

 
      La evidencia científica sobre temáticas que recaban el interés de la Psicología Positiva sigue creciendo, como se ha puesto de manifiesto antes, y también fue mostrado por Rusk, y Waters en (2013) que encontraron unas 2.000 publicaciones sobre psicología positiva en 2011 que representaban un 4% de los documentos encontrados en PsycINFO, además de encontrar que la Psicología Positiva se encontraba en este año cerca de la media de todas las disciplinas que aparecen listadas en Thomson Reuters Journal Citation Reports, Social Sciences Edition, y con un factor de impacto agregado de 2.64. Por su parte, en otra revisión de los trabajos sobre psicología positiva realizado por Donaldson, Dollwet y Rao (2015) y publicado en The Journal of Positive Psychology señalaron que entre 1999-2013 se publicaron 1.336 artículos en revistas con revisión por pares, lo cual significa una gran cantidad de investigación científica, siendo a partir de 2008 donde la frecuencia de publicaciones se dispara. Además, durante 2014 y 2015 se siguen publicando a ritmo vertiginoso artículos sobre Psicología Positiva que seguro están haciendo crecer de manera exponencial el conocimiento científico sobre estos temas de interés.

Finalmente, otro aspecto que caracteriza esta madurez de la Psicología Positiva actual y está desarrollando su propia identidad es su carácter multidimensional e interdisciplinar. Aunque en un principio se caracterizó por su énfasis en el individuo e incluso las intervenciones positivas eran individuales y con un marcado interés por la psicología clínica, actualmente estamos asistiendo a un despliegue del estudio multinivel del bienestar, esto es, de la bases colectivas del bienestar psicosocial en equipos de trabajo y organizaciones, las mejores prácticas en la educación para promover el aprendizaje y el bienestar individual y colectivo, y el estudio de constructos colectivos como son el engagement en equipos, la resiliencia organizacional y las emociones positivas colectivas por citar algunos temas de interés actual. Finalmente en los temas digamos más centrales de su interés como son el bienestar y la felicidad, las fortalezas del carácter, el optimismo, la resiliencia, el flow, la educación positiva, las terapias positivas, o las organizaciones y comunidades positivas, son ejemplos claros de que no son propios de una única área de la Psicología sino que se desarrolla en las distintas áreas y sub-disciplinas de la Psicología.
 
Ejemplos de esta multidisciplinariedad de la Psicología Positiva los tenemos también en las revistas específicas del ámbito como The Journal of Positive Psychology que surge en 2006, con un factor de impacto actual de 1.9 y situada en el cuartil 2 está dedicada a la investigación básica y la aplicación profesional de los estados óptimos de funcionamiento y desarrollo humano, así como a la promoción del bienestar. Incluye trabajos de psicología positiva en distintas áreas de la Psicología (e.g., social, personalidad, clínica, del desarrollo, salud, organizacional). La revista Applied Psychology: Health & Well-Being con un factor de impacto actual de 1,75 y situada en el cuartil 2, aborda temáticas sobre las mejores prácticas en la aplicación de la psicología a la promoción del bienestar y el funcionamiento óptimo desde diversas perspectivas y áreas de la psicología como la clínica, salud, consejo, educativa, deportes, ambiental, etc. Otras publicaciones se centran en aspectos concretos de la psicología positiva. Tal es el caso, por ejemplo, del Journal of Happiness Studies con un factor de impacto actual de 1.68 y situada en el cuartil 2 que se centra en el estudio científico del bienestar subjetivo desde evaluaciones subjetivas del bienestar (ej., satisfacción con la vida) hasta disfrute afectivo de la vida (ej. A nivel de estados de ánimo, emociones). Finalmente, destacar la revista Journal of  Positive Behavior Interventions que con un factor de impacto de 1,40 se sitúa en el cuartil 2 también y trata sobre principios basados en la investigación para dar apoyo a la conducta positiva y adaptación conductual en diversos contextos como la escuela, familia o comunidad.

En este sentido, ese auge en la productividad científica de la psicología positiva también ha influido indirectamente en cómo se están llevando a cabo las intervenciones en los diversos contextos sociales y económicos, ¿qué enfoque se le da a las intervenciones en el ámbito aplicado por los profesionales? ¿Es un enfoque mas centrado en reparar los problemas, lo que funciona mal? ¿O es mas promotor de la salud y el bienestar? Este sin duda es un debate interesante y que en si mismo llevaría a realizar otro post sobre la efectividad de las intervenciones positivas y sus resultados a día de hoy. En resumen, entiendo que la Psicología Positiva esta alcanzando madurez como área de interés científico en respuesta a la investigación creciente y la reacción a sus críticas constructivas. Desde mi punto de vista, la Psicología Positiva en la actualidad tiene un carácter mas inclusivo, reconociendo la dificultad de delimitar que es lo “positivo”, con una mirada mas amplia al estudio del bienestar que por supuesto lleva implícitas experiencias negativas, con la idea de que positivo y negativo tienen que ver mas con la “funcionalidad” de los conceptos que con su preferencia o valor, que tiene un carácter marcadamente multidisciplinar, multidimensional y transversal a muchas áreas y ámbitos de estudio donde la psicología como ciencia y profesión tiene mucho que decir y aportar, y que la Psicología Positiva contribuye con su granito de arena a desarrollar intervenciones con un foco en lo “positivo” (en un sentido amplio) para contribuir no solo al conocimiento científico sino también a desarrollar personas, grupos, organizaciones y comunidades con mayor conciencia y madurez psicológica y social.

Y recuerda, no es magia, es investigación (:

Referencias

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James O. Pawelski (2016): Defining the ‘positive’ in positive psychology: Part II. A normative analysis, The Journal of Positive Psychology, DOI: 10.1080/17439760.2015.1137628
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